- “El beneficio de la duda” se convirtió en el momento más memorable del concierto.
Desde antes de que cayera la noche, los alrededores del Estadio Nacional de Costa Rica ya no eran los mismos. Grupos de amigos, parejas y familias enteras caminaban entre risas, botas y sombreros, como si se dirigieran no solo a un concierto, sino a una celebración largamente esperada. La música sonaba desde parlantes improvisados y cada conversación tenía un mismo destino: ver a Grupo Firme en vivo.
Adentro, la espera se sentía distinta. No era impaciencia, era anticipación. Cada minuto que pasaba aumentaba el murmullo, los gritos aislados, las primeras canciones coreadas sin banda. Hasta que las luces se apagaron.
Y entonces, el estadio estalló.
La aparición de Eduin Caz sobre el escenario no fue solo el inicio del show, fue el punto de quiebre. De inmediato, miles de voces se alinearon en una sola, como si cada historia personal encontrara eco en las letras que empezaban a sonar.
Más de 50 mil personas llenaron el recinto, convirtiendo la noche en una de las convocatorias más grandes del año en el país. Cada rincón del estadio vibraba al mismo ritmo, con un público que no dejó de cantar ni un solo momento.
El repertorio avanzó entre éxitos coreados de principio a fin, pero hubo un instante que sobresalió por encima del resto. Cuando sonó “El beneficio de la duda”, el estadio entero se transformó en un solo coro. Fue, sin discusión, el momento más emotivo y destacado de la noche, donde la conexión entre banda y público alcanzó su punto más alto.
Entre canción y canción, Eduin hablaba, bromeaba y agradecía. Se tomaba su tiempo, como si entendiera que más allá del espectáculo, lo que estaba ocurriendo era un encuentro. Los brindis sobre el escenario marcaron el ritmo de la velada, mientras abajo el público respondía de la misma forma: celebrando, soltando, viviendo.
Hubo momentos de euforia y también de pausa, donde las baladas dieron espacio a la nostalgia. Sin embargo, el ambiente nunca decayó. La energía se mantuvo constante, alimentada por la cercanía de la agrupación y la entrega total de los asistentes.
Con el paso de las horas, el cansancio no apareció. Grupo Firme mantuvo la intensidad y el público respondió hasta el final, aferrándose a cada canción como si fuera la última.
Y cuando todo terminó, quedó algo más que el eco de la música.
“Gracias, gracias Costa Rica, gracias”, se escuchó desde el escenario, en un cierre que resumió lo vivido.
Porque lo que ocurrió en el Estadio Nacional de Costa Rica no fue solo un concierto. Fue una catarsis colectiva. Una noche donde más de 50 mil personas cantaron, sintieron y se reconocieron en cada letra.
Una noche que difícilmente se va a olvidar.
Escrito por Aarón Pereira.

