Primero la seguridad y luego las diferencias políticas

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Primero la seguridad y luego las diferencias políticas

La mañana del viernes se registró un hecho lamentable, la visita de la presidenta de la República, Laura Fernández Delgado, junto a varios diputados, tuvo que ser interrumpida debido a una amenaza de seguridad.

Según reportes y videos de los medios de comunicación presentes, durante el recorrido se escuchó una fuerte detonación que obligó a evacuar a la mandataria.

Lo primero que me llamó la atención no fue únicamente el hecho en sí, sino la reacción inmediata en redes sociales. Muchas personas optaron por cuestionarlo, calificándolo como un “show” o un montaje, incluso sin que existiera información concluyente.

Desde mi perspectiva, esto no es un hecho aislado. Observo un patrón cada vez más frecuente: ante situaciones que involucran posibles riesgos de seguridad, surgen reacciones que desacreditan los hechos sin evidencia suficiente y prioriza la confrontación política por encima de la prudencia. 

Antecedentes 

Recuerdo lo que ocurrió el 13 de enero de este año, cuando el entonces presidente de la República, Rodrigo Chaves, recibió una presunta amenaza contra su vida. La situación activó protocolos de la DIS y se convirtió en noticia nacional. Sin embargo, al día siguiente, en el Congreso, el entonces diputado del Frente Amplio, Jonathan Acuña, calificó el caso como un “burdo montaje”, aún cuando la investigación estaba en curso. Señalamientos de ese tipo, en ese contexto, no contribuyen al esclarecimiento de los hechos. 

También he visto que este tipo de reacciones se repite a nivel internacional. En 2024, durante la campaña presidencial en Estados Unidos, Donald Trump resultó herido en la oreja durante un atentado en un acto público. A pesar de la gravedad del hecho, surgieron teorías conspirativas que lo señalaron como un ataque fabricado con fines políticos. Incluso periodistas como Taylor Lorenz reportaron la circulación de estas versiones en sectores opositores. 

Entiendo que en el contexto actual existe desconfianza hacia las figuras públicas y hacia la política en general. Sin embargo, esa desconfianza no puede justificar que, ante una posible amenaza de violencia, la primera reacción sea descalificar sin pruebas.

Mi punto es claro: ante este tipo de situaciones, la reacción inicial no debería ser el cuestionamiento automático ni la negación de los hechos sin evidencia. Considero que lo responsable, en un contexto democrático, es condenar cualquier acto de violencia y priorizar la seguridad de las personas, independientemente de sus posiciones políticas. 

No se trata de renunciar al pensamiento crítico. Cuestionar es válido y necesario. Pero también lo es hacerlo con responsabilidad. Las investigaciones deben avanzar y esclarecer los hechos; adelantar conclusiones sin evidencia solo debilita la confianza pública y profundiza la polarización. 

No quiero que tengamos que aprender esto a partir de una tragedia. Casos recientes en la región, como el de Miguel Uribe en Colombia, nos recuerdan que estos riesgos son reales.  

Por eso insisto: la seguridad debe ser un punto de acuerdo mínimo si realmente queremos sostener diferencias políticas dentro de un marco democrático. 

Escrito por:  Brandon Segura, Periodista de Gamma Digital

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