Dijo una vez el reconocido teólogo alemán, Martín Lutero, que una mentira es como una bola de nieve; cuanta más rueda, más grande se vuelve. Esta se une a una frase muy conocida del novelista español Carlos Ruiz Zafón que dijo: “Un buen mentiroso sabe que la mentira más efectiva es siempre una verdad a la que se le ha sustraído una pieza clave”.
La mentira es parte de nuestra vida desde tiempos antiguos. Incluso, si nos vamos a la Biblia, vemos que las dos primeras personas que existieron, Adán y Eva, desobedecieron y cayeron en la mentira de la serpiente.
También, en el mismo libro, cuando Caín se deja llevar por la ira y el resentimiento y mata a su hermano Abel, Dios lo confronta y este le responde: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”. Una clara y vil mentira ya que sí sabía dónde estaba su pariente.
Nuestra sociedad se acostumbró a mentir y a manipular constantemente para sacar provecho y beneficio de ello.
Diversas investigaciones científicas arrojan datos interesantes sobre la mentira. Por ejemplo, la revista Journal of Basic and Applied Social Psychology arrojó en el 2002 que las personas mienten, por promedio, 2 veces al día.
En el 2010 Kim Serota, un investigador de comunicación de la Universidad Estatal de Michigan, Estados Unidos, realizó un estudio en el que participaron 1000 personas, de estas el 59,9% afirmó no haber dicho una sola mentira en las últimas 24 horas.
Esto refleja lo acostumbrados que estamos todos a mentir. Probablemente algunas veces de manera consciente y otras inconscientemente, en ocasiones posible de justificar y otras en definitiva no. Sin embargo, existe un gravísimo problema que no podemos dejar pasar: los mentirosos con poder.
Esto puede definirse como las personas con algún grado de autoridad o influencia, que utilizan su posición para difundir constantemente mentiras y/o falacias, manipular la información y encubrir la verdad.
¿Estamos pensando lo mismo? Yo creo que sí.
Estos “mentirosos con poder”, muchas veces recurren a estas herramientas para ganar elecciones o mantenerse en sus posiciones de privilegio. Lo vemos muy constantemente en la política y con personajes que generalmente tienen aires autoritarios, como Nayib Bukele, Nicolás Maduro o nuestro vecino del norte. Más adelante veremos algunos ejemplos.
Es común que estos personajes aparezcan en los procesos de elección con promesas incumplidas, sacadas de clavo, manipulación de los datos o campañas de desinformación para influir en la opinión de los demás.
Es lamentable ver a figuras políticas recurriendo a estas prácticas de antaño. Su impacto suele ser masivo, afectando en muchas ocasiones a comunidades enteras y produciendo la desconfianza de las personas en las instituciones democráticas.

Es lamentable ver a figuras políticas recurriendo a estas prácticas de antaño
¿Seguimos pensando en lo mismo?
Pero las preguntas que yo constantemente me he hago y probablemente muchos de ustedes también, estimados lectores son, ¿por qué recurren a esta práctica? ¿Por qué les gusta mentirles a las personas?
Un estudio realizado por un equipo de científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, la Universidad de Chicago y la Universidad de California, en Los Ángeles, arrojó que algunas personas mienten para mantener una buena reputación y una imagen de honestidad ante las personas.
Además, en la política la mentira suele ser utilizada como una herramienta para manipular las percepciones de las personas, ganar apoyo o evitar consecuencias negativas. También, es común que algunos políticos apelen a esta para proteger su imagen pública. Esto como una estrategia para desviar la atención de temas más importantes o para influir en la opinión pública.
¿Le suena a un caso parecido?
Estas personas muchas veces son mentirosos patológicos o mitómanos. Es decir, individuos que hacen uso constante de esta práctica como un comportamiento compulsivo, y que, a pesar de haber quedado expuestos, no paran de hacerlo.
Por ejemplo, ¿recuerdan los personajes que les mencioné anteriormente? Veamos un ejemplo de las mentiras de cada uno de ellos.
A principios de este año, el mandatario salvadoreño Nayib Bukele, afirmó que no existía contaminación por minería en El Salvador. Sin embargo, diversas evidencias científicas señalan que, por ejemplo, el río San Sebastián, ubicado en el departamento de La Unión, es severamente afectado por residuos mineros, específicamente por el drenaje ácido generado tras la exposición de minerales al aire y al agua. Mintió.
En el 2020, Nicolás Maduro fue criticado por dar un discurso plagado de mentiras y contradicciones en la 75° Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En ese momento afirmó, entre muchísimas mentiras más, que su gobierno respetaba los derechos humanos.
Sin embargo, los informes emanados por la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, afirmó que este país es víctima de casos de tortura, desaparición, malos tratos, asesinatos en los pueblos indígenas, violación, explotación infantil y amenazas. También mintió.
Finalmente, en el 2018 Teletica publicó una nota con una serie de afirmaciones falsas dichas por nuestro, no muy querido vecino del norte, Daniel Ortega. Entre tantas mentiras, este afirmó que en su gobierno no existe el nepotismo y la corrupción; sin embargo, como todos sabemos, esto es falso. Su esposa Rosario Murillo funge como copresidente del hermano de país. Además de eso, al menos cinco de sus hijos ocupan cargos dentro del gobierno. De igual forma, mintió.
Entonces, ¿ven como estos personajes cumplen a cabalidad cada una de las características que ya mencionamos que tienen los mentirosos?
Y no es que solo los políticos sean mentirosos, o más bien, no hay que ser político para ser mentiroso. Sin embargo, resulta muy curioso escuchar de ellos en muchas ocasiones, mentiras, mentiras y más mentiras. Como se decía en la Antigua Roma, “pan y circo para el pueblo”.
Lo cierto en todo esto, es que ellos no van a cambiar, los mentirosos y más los patológicos, llevan en su ADN la intencionalidad de engañar, mentir, timar, manipular y burlar a las personas. Entonces, está en nosotros como sociedad percatarnos de cuándo nos están engañando y tomar acciones al respecto.
Nuestro país no escapa de esta realidad. Constantemente vemos, por quienes ustedes ya saben, una constante propagación de mentiras como si fuera una fumigación que hace el Ministerio de Salud y las mentiras son las pesticidas que caen sobre el suelo.
¿Qué podemos hacer para no caer en las garras de los portavoces de la mentira? Acá les doy unos consejos.
Es importante que como personas siempre estemos bien informados, por medios de comunicación oficiales y confiables. Buscar fuentes y contrastarlas para verificar su veracidad. Esto nos va a ayudar a desarrollar un hábito investigativo y no quedarnos únicamente con lo que nos dicen.
También es sumamente importante preguntar, decía un exprofesor que “no hay preguntas tontas, hay tontos que no preguntan”. Esto nos ayuda a cuestionar declaraciones de una manera respetuosa, pero directa; además, de que expone las inconsistencias.
Por otra parte, la educación es un pilar importante. Muchas personas caen en las mentiras precisamente por el desconocimiento que tienen sobre el funcionamiento de nuestro estado, nuestras políticas y las funciones de los poderes. Si como ciudadanos le damos la importancia que requiere la educación, seremos menos propensos a ser engañados.
Es nuestra responsabilidad como habitantes estar informados para evitar caer en la mentira y la manipulación, valorando la transparencia y la verdad, como base de un buen ejercicio democrático.
*Escrita por: Calet Barquero