Hay armas que hacen ruido y armas que hacen temblar.
El Estrecho de Ormuz pertenece a la segunda categoría: un corredor angosto, no deja cráteres, no explota, no dispara, pero tiene el poder de paralizar al planeta en cualquier momento.
Vivimos en un mundo en el cual se presume la modernidad, pero irónicamente seguimos dependiendo de un pasillo marítimo de 40 kilómetros, donde Irán si así lo quisiera podría convertir la economía mundial en un rehén sin mover un tanque.
Podríamos decir que Irán sostiene una de las armas económicas mas efectivas del siglo XXI.
Por ejemplo, el 20% del petróleo mundial pasa a diario por Ormuz, estamos hablando de alrededor de 20 a 21 millones de barriles diarios navegando por el estrecho, en otras palabras, aproximadamente el 25% del comercio global de petróleo depende de este estrecho.
Tengamos en mente que estamos hablando de un estrecho que en su punto mas angosto mide 40 kilómetros, tomándole un aproximado de 10 a 14 horas a los petroleros cruzarlo, entre 2024 y 2025 el promedio fue de 114 buques diarios.
Pero en días de tensión, ese flujo puede caer un 30% por el miedo a sufrir un ataque.
Creo que Irán entendió algo que las potencias tardaron décadas en aceptar, realmente no hace falta ganar una guerra para controlar el mundo, basta con controlar el paso del petróleo.
Entonces si lo vemos así, Irán no tiene poder en su arsenal sino en su geografía. Le basta insinuar que va a hundir barcos sin realmente tener que hacerlo.
Y con una simple insinuación mueve los mercados mundiales, cambia y altera rutas, sube el precio del petróleo y presiona a gobiernos enteros. Es un poder devastador pero silencioso.
También deberíamos hablar de la afectación que nadie ve, la geopolítica se discute en oficinas, pero se siente en cuerpos reales. Por que cuando crece la tensión en Ormuz, sube el precio del combustible, aumenta el costo del transporte, los alimentos son más caros y baja el acceso a bienes básicos.
Lastimosamente los que pagan este precio no están en Teherán, Washington o Bruselas. Están en los hogares donde el salario no alcanza, en mercados donde lo básico sube cada semana.
Desde febrero 2026, Ormuz es un tablero donde cada movimiento tiene consecuencias mundiales. Mientras tanto EE. UU. patrulla para garantizar ¨libertad de navegación¨, Irán despliega lanchas rápidas, drones y misiles costeros.
Por otro lado, Israel ejecuta ataques selectivos y operaciones encubiertas, mientras tanto Europa observa con miedo ya que más del 30% de su energía importada depende del Golfo.
Y a todo esto es claro que existe una afectación humanitaria, si existe tensión en el estrecho suben los combustibles, transporte, alimentos, la inflación se dispara.
Lastimosamente los gobiernos no son los que terminan pagando ese precio, son las familias, migrantes y trabajadores que ya viven al límite.
Y surge la pregunta ¿Cómo podemos desactivar un arma que no podemos tocar?, el Estrecho no se puede ¨rodear¨, tampoco lo podemos quitar y definitivamente no lo podemos ignorar. Claro todavía existen algunas rutas posibles.
Se podría buscar una diversificación de la energía, renovables, hidrogeno, rutas alternativas u oleoductos fuera del Golfo. Una seguridad marítima multilateral en la cual no solo sea EE. UU el participante o simplemente desescalar la guerra en las sombras como estrategia de supervivencia.
El mundo teme a Irán por sus misiles, pero creo que deberíamos de temer mas por su geografía.
Ormuz no es solo un estrecho, es un brutal recordatorio de que la economía global depende de un hilo tan delgado que solo un país puede usarlo como quiera.
Mientras no entendamos que la energía es política y la política es humanidad, continuaremos viviendo bajo la sombra de un arma, la cual no requiere pólvora para poner al planeta de rodillas.
Escrito por, Luis Mainieri.
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