¿Por qué la derecha gana terreno en América Latina?

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¿Por qué la derecha gana terreno en América Latina?

Con la victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia, se puede decir que la derecha domina gran parte de América Latina. Cada vez más, los partidos de tendencia conservadora, liberal o de derecha toman fuerza en el continente y ganan elecciones en países que durante años estuvieron gobernados por la izquierda o la centroizquierda.

Gobiernos de derecha

Actualmente hay alrededor de 13 gobiernos de derecha o centroderecha en América Latina. Entre ellos destacan los casos de: Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador como algunas de las figuras más fuertes de este movimiento político.

Bukele, por ejemplo, mantiene niveles de aprobación superiores al 80% en distintas encuestas, debido principalmente a su política de seguridad contra las pandillas. En paralelo, Milei impulsó reformas económicas profundas en Argentina en un contexto de alta inflación.

También sobresalen los casos de Perú y Bolivia, países donde durante los últimos años la izquierda tuvo gran influencia política y electoral, pero que experimentaron cambios y tensiones internas dentro de sus sistemas políticos.

Un movimiento

Pero esto no solo pasa en nuestro lado del mundo. Vivimos una época marcada por el auge de los gobiernos personalistas, donde los partidos políticos pasan a un segundo plano y lo más importante termina siendo la figura de su líder. La identificación de los votantes suele estar más ligada a una persona que a una ideología o estructura partidaria.

Los ejemplos más claros están en las dos mayores potencias mundiales: Estados Unidos y China. Tanto Xi Jinping como Donald Trump basan gran parte de su poder político en su propia figura.

En el caso de China, en 2018 se eliminó el límite de mandatos presidenciales, lo que permite que Xi Jinping pueda mantenerse en el poder de forma indefinida. En Estados Unidos, Trump tuvo un fuerte impacto en el Partido Republicano, al punto de que gran parte de sus liderazgos actuales se alinean con el movimiento conocido como “trumpismo”.

Este auge de los gobiernos personalistas llegó hace tiempo a América Latina y no es exclusivo de la derecha. Casos históricos de la izquierda como Fidel Castro en Cuba, Daniel Ortega en Nicaragua y Hugo Chávez en Venezuela construyeron sistemas políticos fuertemente centrados en sus figuras.

En el caso de estos tres países, organismos internacionales como la ONU y Human Rights Watch documentaron denuncias de persecución política, detenciones arbitrarias y restricciones a las libertades civiles, especialmente en Nicaragua y Venezuela.

Precisamente, muchos consideran que uno de los principales factores detrás del crecimiento de la derecha en la región es el desgaste de la izquierda. Durante años, numerosos partidos progresistas evitaron condenar con firmeza a los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Esa situación les hizo perder credibilidad ante una parte importante del electorado.

El caso más evidente es Venezuela, de donde salieron más de 7,7 millones de migrantes y refugiados, según cifras de ACNUR, convirtiéndose en una de las mayores crisis migratorias del mundo.

La izquierda

Aunque actualmente existe una izquierda más democrática y progresista en gran parte del continente, durante mucho tiempo varios sectores mantuvieron una relación cercana con esos gobiernos. Esto generó críticas constantes y contribuyó a divisiones internas dentro de la propia izquierda latinoamericana.

Justamente, esa situación también produjo una ruptura entre los partidos de izquierda de toda la región. Algunos sectores se identifican con la socialdemocracia y modelos similares a los europeos, mientras que otros mantienen posiciones más cercanas al socialismo tradicional. En algunos casos históricos incluso surgieron movimientos armados que buscaron imponer sus ideas mediante la lucha guerrillera, como las FARC en Colombia, responsables de décadas de conflicto armado, o Sendero Luminoso en Perú, vinculado a decenas de miles de muertes según la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

En términos generales, los distintos sectores de la izquierda tienen mayores dificultades para mantener una línea política unificada.

Y esto no es algo nuevo. Uno de los ejemplos más conocidos ocurrió hace casi cien años durante la Guerra Civil Española. Dentro del bando republicano coexistían socialistas, comunistas, anarquistas y otros grupos con proyectos muy diferentes entre sí. Mientras tanto, la derecha española terminó agrupándolos en gran medida alrededor de la figura de Francisco Franco, quien logró unificar a distintos sectores conservadores bajo un mismo liderazgo.

Todo tiene un precio

Todos los partidos de derecha suelen compartir principios similares, como:

  • Liberalización de la economía
  • Políticas más estrictas contra la inseguridad
  • Posturas más duras en algunos casos frente a la inmigración y una mayor cercanía con Estados Unidos en política exterior.

Mientras tanto, los partidos de izquierda suelen ser más diversos ideológicamente: algunos son más progresistas, otros más socialdemócratas, otros más estatistas en lo económico, y en varios casos no logran unificarse bajo una sola línea política.

Esto también genera que, cuando la izquierda comete errores de gestión, el costo político pueda ser más alto ante la sociedad. Ejemplos claros son los gobiernos de Gustavo Petro en Colombia y Gabriel Boric en Chile. En Colombia, distintos análisis y datos oficiales mostraron aumentos en la violencia homicida en algunos periodos del gobierno Petro en comparación con años anteriores.

En Chile, el gobierno de Boric enfrentó altos niveles de desaprobación ciudadana, y además no logró concretar el proceso de una nueva Constitución, ya que la propuesta se rechazó en dos plebiscitos (2022 y 2023), lo que debilitó el impulso inicial de su proyecto político.

También se menciona el caso de México con Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum. AMLO dejó el poder en 2024 con altos niveles de aprobación en algunas encuestas, pero también con fuertes críticas en temas como la seguridad y la militarización del país. En el caso de Sheinbaum, su gobierno representa la continuidad del proyecto político anterior en un contexto todavía en desarrollo.

Influencia

Otro factor importante en el análisis político de la región es el papel de Estados Unidos en América Latina. Históricamente, su influencia es ampliamente documentada, especialmente durante la Guerra Fría. En este contexto se desarrollaron políticas de seguridad e inteligencia en la región, en un periodo que se marcó por la confrontación con la Unión Soviética.

Uno de los episodios más relevantes fue la Operación Cóndor (décadas de 1970 y 1980), un sistema de coordinación entre dictaduras militares del Cono Sur (Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia) para perseguir opositores políticos. Investigaciones históricas y documentos desclasificados mostraron que Estados Unidos tuvo conocimiento e interacción con este contexto geopolítico, aunque el grado exacto de participación sigue siendo debatido por los historiadores.

Durante este periodo, distintos informes de comisiones de verdad en América Latina documentaron miles de violaciones a los derechos humanos, incluyendo desapariciones forzadas, torturas y ejecuciones extrajudiciales.

Incluso en el tema religioso Estados Unidos tuvo influencia, América Latina experimentó un cambio importante en su composición religiosa en las últimas décadas. Según el Pew Research Center, el porcentaje de población católica en la región disminuyó de alrededor del 90 % en 1960 a cerca del 69 % en la década de 2010, mientras que las iglesias evangélicas crecieron de forma sostenida.

Varios académicos afirman que una de las causas es porque el mensaje de la iglesia católica les resultó poco alineado con las ideas que querían integrar a América Latina. Cosa que se puede ver en la actualidad donde el Papa León XIV prácticamente se convirtió en una figura progresista.

Pero esta influencia incluso hoy sigue, con el caso del “Honduras Gate” donde varios medios publicaron audios de distintas figuras políticas de derecha del partido Republicano, Israel y Latinoamérica. Donde afirmaban que había un supuesto plan para atacar mediáticamente a la izquierda y así mantener la hegemonía ideológica en la región. Por lo que los planes de Estados Unidos en la región no solo están en el pasado.

Nuevo impacto

Finalmente, en la actualidad, un factor clave es el impacto de las redes sociales en la política. Diversos estudios muestran que, después de la pandemia de COVID-19, aumentó la polarización política global. Los algoritmos de plataformas como Facebook, X y YouTube tienden a priorizar contenido similar al que el usuario consume, lo que puede reforzar cámaras de eco ideológicas. Esto contribuyó al crecimiento de creadores de contenido tanto de derecha como de izquierda en distintos países, amplificando la polarización política en América Latina.

La actualidad latinoamericana

Entonces, tenemos un continente cada vez más polarizado, donde además la mayor potencia mundial interviene de distintas formas para favorecer gobiernos alineados con sus intereses.

A todo eso se le agrega una izquierda que no logra agrupar plenamente a sus votantes, que carga con el “fantasma” de tres de las peores dictaduras del continente y con el cuestionamiento de no condenarlas con suficiente firmeza en todos los casos.

También se suma el desgaste de los últimos proyectos de izquierda en distintos países. Todo esto configura lo que vivimos actualmente: una Latinoamérica más inclinada hacia la derecha del diagrama de Nolan.

¿Significa esto algo malo? Es muy pronto para afirmarlo con certeza, pero lo que sí parece cada vez más débil es la democracia. Tanto la izquierda como la derecha la debilitan de distintas formas y quienes terminan por pagar las consecuencias son las personas, que cada vez tienen menos capacidad real de influir en qué afecta sus vidas. 

Escrito por: Emilio Román, periodista de Gamma Digital

 

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