La era del caos estable: entendiendo la geopolítica del siglo XXI

HomeOpinión

La era del caos estable: entendiendo la geopolítica del siglo XXI

Desde hace ya un tiempo atrás el mundo siempre funciono como una mesa con un dueño claro. Estados Unidos siempre al frente, dictando el tiempo. Los demás podían protestar o murmurar, pero al final sabían quien tenía la última palabra. A partir del final de la segunda guerra mundial este fue el orden establecido, imperfecto, desigual pero estable.

Lastimosamente hoy, muchas manos están jalando de la misma silla, China reclama su parte con espacio y paciencia, Rusia sigue presionando y desgastando, Europa trata de mantener una postura, pero sigue perdiendo relevancia. Mientras el resto del mundo empieza a exigir voz, voto y por qué no una parte del banquete.

El viejo ¨orden internacional¨ cruje bajo las nuevas potencias, algunos viejos resentimientos y un planeta que ya no obedece a nadie. Las reglas ahora se ignoran, las alianzas ya no son permanentes.

La pregunta ya no es quien manda, si no quien todavía cree que manda.

Por tres décadas, se vivió bajo la ilusión de que el poder mundial tenia un centro fijo, pero los números cuentan otra historia. Durante los 90, Estados Unidos mantenía mas del 25% del PIB mundial, hoy ronda el 15%, un desplazamiento evidente en el peso económico. Estados Unidos sigue siendo el líder, pero no de manera absoluta.

Mientras tanto China paso de ser un actor periférico para convertirse en el eje de múltiples sistemas. Fabrica, diseña, financia y controla. Abarcando más de 60 países, conectando puertos, carreteras ferrocarriles y telecomunicaciones en una arquitectura estratégica.

Mientras tanto al BRICS se le trato durante muchos años como a un experimento, actualmente supera al G7 en PIB combinado.

Por otra parte, los conflictos actuales como la Guerra en Ucrania expusieron la fragilidad energética de Europa. China sigue su lucha por dominar el Mar del Sur y el 90% del comercio global que por ahí transita, mientras tanto el Medio Oriente nos muestra que las alianzas ya no son permanentes y pasaron a ser transacciones que varían dependiendo del precio del petróleo y la narrativa dominante.

También los organismos internacionales pasaron de ser árbitros a ser comentaristas, ya que las resoluciones no se respetan solo ignoran y las sanciones son esquivadas. Vivimos en un mundo que dejo de ser estable, es medible pero no predecible.

Por alguna razón muchas personas tienen la noción de que aun vivimos en 1995, el orden internacional no está cambiando, ya cambio. La hegemonía estadounidense no desapareció, pero ya no es el centro gravitacional del sistema, es una fuerza mas un tablero que nadie domina por completo.

Hace unos años atrás se le veía a los Estados Unidos como el arbitro moral y a Europa como a una brújula ética, eso ha cambiado. Las guerras que no se logran detener, se emiten sanciones que no detienen a nadie, se emiten comunicados vacíos. El viejo orden murió de irrelevancia.

Actualmente vivimos en una sociedad caótica, competitiva y asimétrica. Las reglas se negocian en tiempo real, las alianzas no duran 24 horas y donde todo el mundo juega a ganar. El problema no es la transición, el problema es la negación.

Se tiende a explicar la geopolítica con mapas, cifras y discursos, pero el impacto real se mide con las personas que nunca llegan a los titulares. Los cambios de poder no se sienten primero en los altos estratos de gobierno, si no en los mercados, fronteras y en los hogares de las personas que intentan sobrevivir a las decisiones tomadas a miles de kilómetros.

El poder dejo de ser un territorio y paso a convertirse en una red fragmentada, interdependiente y en una disputa constante.

En la actualidad se están librando 4 batallas, la primera es la tecnológica, chips, algoritmos y la inteligencia artificial son el petróleo moderno, quien controle la capacidad de cómputo controla la economía, la seguridad y la narrativa. Tengamos algo claro la AI no es una herramienta, es un campo de batalla.

El segundo frente son las rutas marítimas, con mas del 90% de comercio global transitando por aguas cada vez mas militarizadas. El Mar de Sur de China, el estrecho de Ormuz y el mar Rojo son algunos ejemplos.

En tercer lugar, tenemos la guerra energética y mineral, ahora el litio, cobalto, las tierras raras junto al gas natural se han convertido en armas diplomáticas.

Por ultimo la batalla por controlar la narrativa. Vivimos en un mundo saturado de información, la cual disputa su legitimación en redes sociales y foros diplomáticos, estamos en una época donde las guerras no solo se libran con misiles si no también con relatos.

Creo que la pregunta no es como volver al pasado, sino como diseñar un sistema que logre sobrevivir a un futuro aún más volátil, más interdependiente he impredecible. Sin duda lo primero será aceptar la flexibilidad como una norma, los intereses cambian rápidamente, los países necesitan coaliciones por tema no por ideología.

A seguir debe se existir una inversión importante en la soberanía tecnológica, no se trata de competir si no de evitar la dependencia total de una solo potencia. Se pueden formar pequeños nichos en países pequeños en ciberseguridad, biotecnología, energías limpias.

Como tercera estrategia creo se debería reforzar a los organismos internacionales, no para hacerlos mas grandes si no para hacerlos mas útiles. Eliminando la diplomacia ceremonial, otorgando mayor capacidad de arbitraje. Minimizando los comunicados vacíos. A ver si no pueden evitar los conflictos, al menos deben de prevenir que se vuelvan incontrolables.

Por último, creo que se deberían fortalecer los bloques regionales, como América Latina, África y el Sudeste Asiático. La integración no debe verse como un sueño sino como una herramienta de supervivencia.

El mundo se está reescribiendo, las potencias que solían dictar el ritmo ahora luchan por no perderlo. Ahora los países que obedecían ahora negocian. Hoy las instituciones que ordenaban el caos pasan a describirlo.

La pregunta no es quien domina, sino quien será capaz de adaptarse a un sistema donde el poder el móvil, la influencia se negocia y la estabilidad se maneja como un lujo temporal.

El viejo orden murió sin funeral.

Quien aprenda a escribir en esta nueva gramática del poder tendrá, por primera vez en décadas, la posibilidad real de cambiarla.

https://unctad.org/topic/transport-and-trade-logistics/review-of-maritime-transport

https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.CD

https://www.crisisgroup.org/middle-east-north-africa/gulf-and-arabian-peninsula

*Escrito por Luis Mainieri.