El ladrón de ventanas: el terror que observa desde el otro lado

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El ladrón de ventanas: el terror que observa desde el otro lado

Por Esteban Krumm, Periodista de Gamma Digital

El ladrón de ventanas es el nuevo libro del escritor costarricense J. P. Hernández, presentado en la quinta edición de la Fiesta de la Lectura Costa Rica 2026, realizada en la Antigua Aduana y la Casa del Cuño, en San José. La obra fue publicada bajo el sello de Uruk Editores.

El acto de presentación se realizó en el LAB CCE del Centro Cultural de España en Costa Rica, con la participación de Juan Carlos Abarca, coeditor de Círculo y Punto, y J. P. Hernández, autor del libro.

Cuentos de terror

El libro reúne 25 cuentos de terror independientes que encuentran en la ventana un elemento común entre sus historias.

Hernández explora distintas manifestaciones del terror a través de personajes, escenarios y conflictos propios de cada narración.

Monstruos, venganzas, asesinatos, criaturas sobrenaturales y transformaciones grotescas del cuerpo forman parte de un universo narrativo con influencia del gore. La presencia intencional de una ventana en cada cuento establece una conexión entre historias que no necesitan compartir una misma trama.

Portada del libro. Obra de la artista costarricense Mey Cantillano Vargas. Fotografía: Esteban Krumm

Portada del libro. Obra de la artista costarricense Mey Cantillano Vargas. Fotografía: Esteban Krumm

Una ventana hacia el miedo

La ventana adquiere un significado que va más allá del objeto presente en cada relato. Permite el paso de la luz y hace posible observar, pero también expone a quien mira a la posibilidad de ser observado. Hernández aprovecha esa doble condición para relacionarla con los ojos y con la conocida idea de estos como “ventanas del alma”.

La mirada se convierte así en una forma de revelar aquello que permanece oculto. Miedos, traumas, deseos de venganza o intenciones pueden permanecer detrás de una expresión aparentemente neutral, mientras los ojos ofrecen indicios sobre aquello que un personaje no manifiesta abiertamente.

La ventana funciona de manera semejante: establece un límite, pero al mismo tiempo permite descubrir parte de lo que existe detrás.

Este recurso proporciona unidad conceptual a los cuentos sin eliminar su independencia. No existe la necesidad de seguir una historia única para comprender el conjunto: cada narración propone su propia aproximación al terror y la ventana reaparece como un punto de encuentro que adquiere diferentes sentidos según el relato.

Este vínculo ayuda a entender el título, pues el autor establece una relación entre ojos, ventanas y libros: si los primeros permiten observar y las segundas abren una mirada hacia otro espacio, la lectura también conduce hacia lugares, personajes y situaciones que permanecían fuera de nuestro campo de visión.

El concepto del “ladrón de ventanas” adquiere así una dimensión que alcanza al conjunto de la obra, sin depender únicamente del cuento que lleva ese nombre.

El horror tampoco depende de una sola fórmula

Hernández explora desde lo sobrenatural y lo monstruoso hasta la violencia y la alteración del cuerpo humano. Transformaciones corporales, criaturas y otras manifestaciones de lo desconocido acercan algunos relatos al gore, mientras otros recurren al suspenso y la inquietud.

Más que constituir un catálogo de monstruos, estos recursos responden a la intención de provocar una reacción en el lector.

“Una vez que se publica el libro, los cuentos dejan de ser del autor y les corresponde a los lectores interpretarlos a su manera”, destacó J. P. Hernández.

Además, Hernández explicó que él escribe para entretener a los lectores, incluso cuando en el terror ese entretenimiento significa incomodar o hacer pasar deliberadamente un momento desagradable.

Miedo, asco, repulsión, suspenso o inquietud forman parte de algunas de las sensaciones que la obra busca evocar. Para Hernández, la obra cumple su cometido si logra despertar en el lector, en algún momento, una sensación intensa o incómoda.

Con El ladrón de ventanas, J. P. Hernández utiliza un objeto cotidiano para establecer un hilo entre diferentes formas de aproximarse al terror. Cada cuento abre una ventana distinta y deja al lector decidir hasta dónde quiere mirar, sin perder de vista una de las posibilidades más inquietantes que atraviesan el libro: al asomarse hacia lo desconocido, quizá haya algo al otro lado devolviendo la mirada.

Sobre el autor

J. P. Hernández. Fotografía: Facebook del escritor J. P. Hernández

J. P. Hernández. Fotografía: Facebook del escritor J. P. Hernández

J. P. Hernández empezó a escribir cuentos en 2017. Publicó El circo y otras historias un tanto reales (2018), Manicomio para cuentos (2019) y La isla de mente (2020). Su primera novela fue El circo: orígenes y perpetuidades (2021). Regresó al cuento y a la poesía en Lo que hay debajo de la mente (2022) y Sesiones espiritistas (2023). Además, colaboró con un grupo de autores en Avenida de lo insólito (2019), Algunos relatos trágicos (cuento) en la revista digital Liizu (2021) y las ediciones impresas y digitales de la Logia Oscura (2021-2025). Fuente: Uruk Editores.

Escrito por Esteban Krumm, Periodista de Gamma Digital